Aquí está el resto de Simple Lives.
- Desayuno café con galletas sentada en el umbral de la casa donde vivo, una casa levantada hace sesenta años en Wollongong, Australia. Puedo ver el mar de Tasmania revuelto o calmo, según el día, según el viento.
- Dejo las persianas subidas al dormirme por la noche, para que me despierte el primer sol del día siguiente y levantarme después de remolonear unos minutos enredada en las sábanas.
- A Zippo, un perro que encontré en España antes de venir y que parece un bobtail cruzado con un yeti, y a mí, nos gustan los días en los que el mar amanece en calma chicha y podemos pasear por la orilla sin mojarnos antes de ponernos a trabajar.
- Trabajo en un pequeño jardín botánico de los muchos que hay en Wollongong. Paso el día jugueteando con los dedos entre bulbos y semillas. Tengo las manos secas y endurecidas porque siempre me negué a usar guantes y dejar de sentir el tacto de las raíces y la suavidad de mezclar el abono con la tierra.
- Mi trabajo no me da para grandes lujos, pero mi afición favorita es barata; beber vino con Noel, el chico del faro. Somos un grupo amplio formado por más fans del vino, pero Noel se lleva toda mi atención hace un tiempo. Aún no me he dado cuenta de este detalle, ya me daré.
- Zippo me despierta los fines de semana haciendo ruiditos dulces, impropios de un perro tan grande y peludo. Excepto los días que bajo la persiana para que el sol no me despierte, porque el día anterior me pasé con los vinos. Esos días Zippo duerme a mi lado en el suelo, como si hubiera bebido tanto como yo.
- El tiempo siempre suele ser bueno en Wollongong y todos tenemos la piel bronceada por el sol; aunque cuando llueve, suele hacerlo durante días, sin descanso. Toda la ciudad tiene en su armario un rincón dedicado a la ropa que ponerse en esas fechas. Jerseys, botas, impermeables... A mí me encantan esos días.
- Doy clases de conversación de español a una chica veterinaria a cambio de revisiones para Zippo. Pero me gusta tanto su sentido del humor que quedamos muchas veces para ir de compras y salir por ahí. Estoy consiguiendo que hable un andaluz casi perfecto.
- Algunas noches tengo nostalgia de mi tierra, y voy hasta la playa a sentarme en las rocas. El Índico me recuerda al Atlántico, y el mar de Tasmania al mar de mi playa favorita, donde las olas se comen las rocas, las vuelve como cantos rodados en según qué zonas. Me gusta acariciar esas partes, y el musgo que se forma en sus recovecos.
- Desde que llegué no me he cortado el pelo, y casi ni lo he peinado. Y no me lo cortaré hasta que vuelva a casa, a España, si vuelvo. Será entonces cuando me haga una trenza y la corte a la altura de la nuca, para mirarla alguna vez, cuan larga sea y decir para mí; "viví en Wollongong todo este tiempo".
