20/05/13

Sé una señorita

Soy una malhablada desde pequeña. Recuerdo  que antes si decía una barbaridad era a escondidas para evitar que mi madre me lanzara la zapatilla (una zapatilla voladora infalible que tenía).
Nunca entendí que mi padre pudiera decir "coño" y yo no.

- ¿Por qué no puedo decir "hijo de puta", papá?
- Porque eres pequeña, cuando seas mayor, podrás.

Resulta que ya soy mayor pero la censura es peor: mi madre, mi compi, mi jefe...

Yo - Hay ahí un hijo de puta que...
Jefe - Barbi, por dios, habla bien.
Yo- Já! Pero, ¡si tú hablas peor!
J - Pero yo no soy una señorita.

¿Cuántas veces habrá escuchado cualquier chica esta frase, censurando algún comportamiento, cual sea, a lo largo de su vida? 

Si eres una señorita no puedes jurar, no puedes llevar una camisa sin planchar, no puedes tener porno en el ordenador, no puedes reírte de chistes de rabos, de hecho no puedes usar la palabra "rabo", es más, no puedes hacer nada con un rabo que no sea dejar que te lo metan. 
Bueno... poder puedes hacer todas esas cosas, pero ya sabes qué viene luego, "señorita".

Ser una señorita también acarrea ciertas responsabilidades para con tu aspecto. No puedes llevar el pelo como si te hubieras peinado con la almohada. No puedes sudar la ropa aunque hayas corrido 100 metros para no perder el autobús. No puedes olvidar mirarte las piernas y la longitud de tus pelos el día que quieras ponerte medias claras. Y, llegadas a una edad, no puedes aparentar más edad de la que tienes. De hecho no deberías tener cierta edad. 

El otro día entré en una tienda para comprar colorete. Puede que eso y el lápiz de ojo sea lo único que uso desde que dejé de ser azafata; que te obliguen a llevar sombra de ojos+mascarilla de pestañas+lápiz de labios+pote+colorete+retocar cada dos horas, hace que te replantees seriamente si quieres seguir siendo mujer. O al menos, te replanteas si quieres ser una señorita.

Yo - Cóbrame este colorete, por favor.
Dependienta - Claro. Y además te doy esta muestra de crema. Te va a gustar, ya verás. Ahora mismo no te hace falta, pero hay que prevenir. 
Yo - ¿Antiarrugas? ¿No tienes alguna que hidrate, por ejemplo? Es que tengo 32 años. 
D - Nada que ver, yo tengo 24 y la uso. No es un antiarrugas: es un activador de la juventud.
Yo - ¿Para juventudes pasivas?
D - Jaja! No, mira, lee: Te reactiva la juventud!
Yo - Ah, sí, lo pone, lo pone.

Repare y active 10 signos de juventud
(que no uno ni dos, DIEZ)


Hay miles de chicas, como yo, que siente pavor al comprobar que gente así cree realmente lo que está diciendo. Pero también hay muchas a las que éste, y millones de mensajes como éste, les cala. 
Que hay que estar monas, hay que estar suaves, hay que conjuntar bragas y sujetador, hay que no envejecer, hay que estar perfectas y hay que activar la juventud.

Así que, si quieres ser una señorita: no digas tacos, no te rías cuando oigas obscenidades, llama cerdo a tu novio cuando eructe, jamás eructes tú, compórtate, no te espatarres en el sofá, cuidado al agacharte, comprueba siempre que nada se te transparente: no quieres parecer lo que no eres, tápate los granos con maquillaje si eres adolescente, usa sujetadores con push-up si tienes menos pecho del que debieras según los cánones actuales, tíñete si empiezas a tener canas y usa cremas efecto lifting si tienes más de 40 años (si tienes dinero, directamente hazte un lifting), usa brillo de labios efecto volumen y mascarilla de pestañas efecto 3D. En definitiva, arréglatelas para que cuando llegues a casa, te desnudes y te duches, no te reconozca ni tu padre.

Y al día siguiente, vuelve a reconstruir a la señorita que hay en ti.


Pero no te pases, no provoques miradas directas a tu escote de compañeros de trabajo, o des lugar a conversaciones de machos en los que hablan de lo que te harían si te pillaran por banda, no provoques que ningún extraño se vea obligado a rozar su entrepierna contra tu culo en el metro, no hagas que ningún borracho no pueda soportar la tentación de meterte la mano en el sujetador porque le has dicho "mira, no", no hagas que padres de familia llamen tu atención desde una esquina para que veas cómo se masturban. Haz el favor.

Sé una señorita, está siempre perfecta... pero sin pasarte. Y si te pasas y pasa, siéntete culpable, piensa sobre ello, pregúntate qué has hecho mal, avergüénzate. Y sé más prudente la próxima vez.







A veces pienso en esas viejecitas con el pelo blanco y la cara lavada llena de arrugas, ésas que dicen tacos mientras sonríen con los ojillos, y riñen a los niños que hacen ruido, y visten la misma ropa desde hace décadas, y no recuerdan ya cómo es la presión de ojos evaluadores. Viejitas que ya son invisibles para ciertos sectores, pero indispensables para los importantes. Y, quién sabe, a lo mejor un día todas estamos tan libres de juicios como ellas, independientemente de nuestra edad o de nuestro sexo.



17/05/13

TVE, Cifuentes, 15M y otras chicas del montón

Así empieza mi columna de esta semana para El Diario:


TVE, la televisión de todos pero de unos más que de otros, en su empeño por mantener un canal lo más plural posible, ha decidido incluir en varios de sus telediarios reportajes tan necesarios para esta sociedad en decadencia como " ¿Va mi hija provocando?" o " Acercarse a un altar da paz". Porque, dejemos de hacernos los modernos, la lucha contra el sexismo está sobrevalorada y la aconfesionalidad del Estado ni está ni se la espera.

28/04/13

La pseudomulta de la DGT por la ITV que sí pasé.

Hace unos días recibí una carta de la Dirección General de Tráfico. La voy a colgar aquí, más que para protestar y denunciar, por si puede servir de ayuda a cualquier otro loser que también la reciba.

La carta es ésta. (He puesto en rojo lo más insultante porque sé que os da pereza leer cosas largas desde que tenéis Tuiter. Y me ha costado media hora de Paint, así que leed al menos eso).

Debería agrandarse si pinchas sobre la imagen.


Al leer que la DGT me decía que mi coche no tiene pasada la ITV, entré en modo pánico, pero no mucho rato, porque recordé de pronto mi pegatina en la luna delantera que pone "ITV 2014".

En el reverso de la carta hay una foto de mi coche por detrás, donde se ve mi matrícula. En efecto, era yo, a esa hora, en ese punto kilométrico. Sin duda la foto demostraba que yo ese día a esa hora estaba allí... NO HACIENDO NADA.

Sigo leyendo la bronca que me echan y de repente leo que la multa son 200 euros. 
Sé que tengo pasada la ITV, pero la experiencia me dice que si una administración me manda una carta con una cantidad a pagar, yo esa cantidad la acabo pagando. Porque, ¿desde qué organismo te mandan una carta así si no has hecho nada?


Sin embargo mi padre, que estaba en Madrid conmigo por casualidad cuando la recibí, después de casi darme una bolsa para que respirara dentro, me dice que al final de la carta, casi donde la fecha y los besos de despedida, pone: "En el supuesto de que su vehículo haya ya superado ya la ITV, esta comunicación no tendrá ningún efecto".


Barbi -¿Eso qué quiere decir? ¿Que pase del tema?
Papá - Sí, dice eso, pero si lees bien también pone que si en su registro no consta en unos días que la tienes pasada, te multarán.
Barbi - Pero entonces, ¿por qué me dicen que pase y a la vez que no pase?
Padre - No sé, no entiendo nada. Llama mañana a Tráfico y sal de dudas. 

Ya no estaba asustada, ahora estaba cabreada:

1. ¿Quién me iba a pagar la llamada a Tráfico?
2. ¿Por qué tengo que gastar mi tiempo en llamarlos si el error no ha sido mío?
3. ¿El error ha sido de la DGT o del centro de ITV?
4. ¿Cuántas cartas están mandando a gente, que no ha hecho nada, pagadas con nuestro dinero; dinero que no sobra precisamente?


Para el que reciba o haya recibido esta carta, debe saber que NO debe hacer caso omiso a esta carta. Que debe llamar a Tráfico, con la tarjeta de la ITV en mano, y responder a cuantas preguntas quieran hacerle. La llamada la pagará él, por supuesto. El tiempo lo perderá él, también. La mala leche y el susto, también correrán de su cuenta. De hacer caso omiso a la carta y no llamar, exactamente no sé qué podría pasar porque no ha sido mi caso, pero en Tráfico me contestaron con un misterioso "Es mejor no hacer caso omiso y llamar". 

También llamé al centro donde pasé la ITV, para ver de quién había sido el error, ya que en Tráfico no sabían decírmelo. Pues bien, en el centro pueden decirte incluso el día en que mandaron a Tráfico el archivo con los datos de tu ITV, por lo que el error proviene de Tráfico.

En la carta tampoco son claros, ya que dicen "en el caso de que en los próximos días no conste que su vehículo ha pasado la ITV...". ¿Próximos días? ¿Cuántos días? Es decir, con la cantidad a pagar son perfectamente claros, pero lo días que tienes para demostrarles que tus papeles están en regla, ¿pueden ir de 2 a 15? a 30? a π?

Tanto en la ITV como en Tráfico confesaron estar recibiendo muchas llamadas como la mía. Entonces,  ¿cuál es el objeto de tanta carta? ¿Hay gente que no está llamando para dar los datos que piden y están siendo multados? ¿Somos culpables hasta que demostremos lo contrario? ¿Es todo con afán recaudatorio? ¿Desde cuándo pasa esto? ¿Pasa en toda España? 


Si alguien sabe más del tema, rogaría que lo dejara escrito en los comentarios. Por si le puede servir a alguien más.



14/04/13

14 Abril



Fotografía de la proclamación de la II República española, logro del pueblo el 14 de abril de 1931.

Lo que fuimos.





Fotografía del yate Fortuna. A bordo, la familia real española, logro del dictador Francisco Franco.

Lo que somos.



12/04/13

Nosotros, los delicuentes

Artículo de esta semana en El Diario:

Hasta hace apenas dos años, nuestros gobiernos eran comprensivos con nosotros, sonreían en los mítines, sólo tenían palabras amables a través de las redes, contestaban con entusiasmo cualquier pregunta, prometían soluciones en precampaña y no había problema que no pudiera ser fácilmente resuelto.



05/04/13

Artículo ED: El retraso de los españoles

Nunca soy muy consciente de que la gente que me sigue aquí, no necesariamente tiene que seguirme en Tuiter, ni siquiera tienen por qué tener Tuiter.

Así que, os dejo el enlace del artículo de esta semana en El Diario, que siempre tuiteo y nunca posteo. Postear es de TAN de 2010.

"En el último año, la prensa española ha estado informándonos puntualmente de todo lo referente a corrupción política, cuentas en Suiza y dinero negro de nuestros dirigentes. Vale que nos está informando con diez años de retraso, pero lo que importa es el detalle.
Después de decirnos hace unos meses que, a lo mejor, el Partido Popular nos está robando desde hace diez años, la prensa vuelve a revolucionar el país con unas fotos (de hace sólo dieciocho años) del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, de vacaciones en el yate de un narcotraficante. Todavía no habíamos terminado de hacer chistes al respecto cuando de repente salta otra noticia sobre cómo el rey de España heredó (esta vez el retraso informativo es de apenas veinte años) 375 millones de pesetas y, en un arrebato de campechanía, los metió en una cuenta en Suiza. Su Majestad aún no ha salido por ninguna tele de plasma para disipar las dudas sobre si el dinero sigue allí o si está aquí. O si no está ya en ninguna parte.

31/03/13

Cronología del PP sobre el escrache: de la alabanza al llanto

Cristina Cifuentes

Cifuentes alabando el escrache al PSOE.

Cifuentes condenando el escrache si es al PP, vinculando además a La PAH con ETA.




Cifuentes intentando relacionar tuits violentos con La PAH:




Otras campañas de desprestigio y ninguneo de nuestra delegada a movimientos populares:


Campaña de desprestigio, ejemplo nº1



Campaña de desprestigio, ejemplo nº2


Campaña de desprestigio, ejemplo nº 3


Esteban González Pons.

González Pons llamando al escrache si es al PSOE:


González Pons condenando el escrache si es en la puerta de su casa:
González Pons entre queja y llanto:


González Pons afirmando que se acabó el "Y tú más".




González Pons volviendo un poquito al "Y tú más".


La PAH y Ada Colau

Amenazas de muerte a Ada Colau debidas a la acusación falsa del PP de apoyar a ETA:
A lo que se dedica realmente La PAH:

A lo que casualmente también se dedica La PAH:



Resumen de todo lo anterior:

17/02/13

Se escribe por encargo


     Estaba recorriendo el sur de Francia con una mochila, fingiendo que no tenía que volver a España en algún momento, intentando desconectar hasta del castellano, pasando con gusto un frío de mil hostias, sin ordenador, sin internet, sin leer la prensa y con tuiter desinstalado del móvil para no mirar ni cuando pillara wifi por casualidad... cuando de repente, en una cafetería de piedra de un pueblo perdido junto a una abadía impronunciable, suena mi teléfono y recibo un guasap (¿es que no hay rincón en el puto mundo donde no haya wifi?) de mi amiga @barribinomia.

Ella - ¿Has muerto?
Yo   - Aún no.
Ella - Disfruta en Francia.
Yo   - Gracias.
Ella - Ah, y escribe una carta de amor. Es para una cosa.
Yo   - (¿PERDONA? SÍ, HOMBRE, ¿ESTAMOS LOCOS?) Vale.
Ella - Un beso.
Yo   - Otro.

Ya en España, me entero de que era para esto.

(Escribir en un blog en pleno 2013 es de gente que no).

30/01/13

Carromero recibiendo

29/12/12

Que el vaso no se llenase nunca

Más de veinte años antes solían compartir apuntes y banco en la facultad.
También compartían horas tumbados en el césped del campus, fumando cigarrillos de liar y bebiendo cerveza. El césped y el sol apetecían más aquellos días que las clases de viejos profesores apoltronados en sus butacas; inmóviles, fósiles.

Aun así, él asistía a más clases que ella.
Él era responsable por los dos, tomaba apuntes por los dos, estudiaba por los dos.
Ella siempre se dejaba llevar, confiaba en el buen hacer de él, en que él resolvería en el último momento sus dudas antes de un examen.
Ella solía confundir la constancia de él con inteligencia. Pero la lista era ella; lista por los dos.


Él la quería sin saberlo. (¿Quién no ha querido a alguien sin saberlo en el instituto o en la facultad? ¿Quién no ha estado demasiado ocupado follando con quien no debe o durmiéndose en clase como para pensar en el amor? De hecho, ¿qué hay más incómodo que el amor en época de exámenes?) 


Ella tampoco lo sabía. Ni sabía que ella lo quería a él. No podía saberlo, no había manera. No le era posible imaginar que estaba enamorada si al verlo ir y venir con otras chicas jamás sintió celos. Imposible, por otra parte, sentir celos cuando ella se sabía la prioridad. Sabía que un silbido bastaba para que él dejara de besuquear a quien fuera y corriera a su lado. 
Quizás por eso él tampoco sintió celos jamás. Sus silbidos eran igual de efectivos.

Alguna vez se besaron y alguna que otra, también, borrachos, hicieron el amor torpemente; encendidos al principio, muertos de risa al mirarse a los ojos después. Debieron retener mejor esos momentos en la retina, pero es que tampoco nadie los avisó de que esas sensaciones no se repetirían nunca más con otras personas. Ni con ellos mismos.

Al terminar la carrera, cada uno regresó a su ciudad sin intención de quedarse más que lo necesario para encontrar trabajo en Madrid y quedarse definitivamente. Nunca una despedida tuvo menos drama que aquella.


Él cumplió su palabra y volvió.
Ella cumplió su palabra sólo a medias.


Él encontró un trabajo en una gestoría, donde sus estudios no le servían para absolutamente nada, pero lo tomó como un aprendizaje. Y, básicamente, lo que aprendió es que no quería permanecer mucho más tiempo allí. Ni allí ni en ningún otro lugar donde defender sus condiciones laborales previamente pactadas fuera tan asquerosamente complicado. 

Eso de protestar se lo enseñó ella y, en cierta forma, le jodió la vida, porque él recordaba ser feliz antes de conocerla a ella, conformándose con lo que viniera.
Sólo por ese espíritu inconformista que ella le imprimió, acabó estudiando a conciencia unas oposiciones que salían para policía nacional a finales de ese mismo año y de las que se enteró por casualidad. Trabajar para el Estado se le antojaba la panacea. 

A ella la llamó desde una cabina para contárselo en el mismo momento en que salió su plaza. Eran las dos de la tarde de un lunes, pero la pilló medio dormida porque la noche anterior, después de trabajar en el pub donde ponía copas, acabó saliendo hasta las mil con a saber quién... “ya iba medio pedo cuando salí del pub, Javi, así que me liaron fácilmente”.

Y así siempre. Y él ponía los ojos en blanco y le decía que buscara algo serio, por favor, que tenía ya veinticinco años y que ni siquiera estaba cotizando. Y ella se reía al otro lado del teléfono y le daban ganas de volar hasta esa cabina y acurrucarse en su cuello, muerta de amor, porque él siempre se preocupaba por ella más que ella misma. 

Él terminó dándose cuenta de que la quería en una de esas conversaciones en las que a menudo, antes que ella, descolgaba el teléfono uno u otro chico. O quizás se dio cuenta en su cama, mirándola roncar alguna de esas veces en las que la secuestraba y conseguía que ella durmiera de noche.


Pero con el paso del tiempo y las noches sin ella, que eran la mayoría, su instinto de supervivencia empezó a colgar el teléfono en muchas cabinas sin terminar siquiera de marcar su número completo. El mismo instinto que le alejaba de ella cada vez que ella dudaba si quedarse o irse, si dormir siempre con él o sólo a veces. 

Se le partió el corazón tantas veces que perdió la cuenta. Él lo recomponía como podía y cuando creía estar bien iba de nuevo en su busca. Hasta que entendió que uno puede romperse por el mismo lado infinitas veces, que hay heridas que no terminan de cicatrizar y que, simplemente, hay que alejarse para siempre si quieres vivir en paz.
Tardó, porque nunca fue listo, sólo constante. Tardó, pero finalmente entendió.




Ella, una madrugada como la última que durmieron juntos pero veintisiete años después, vio un policía nacional en la calle Orense esperando a que su compañero saliera de una farmacia de guardia. Era un chico tan joven... Se puso carmín y se acercó.

- Hijo de la gran puta - le dijo.
- ¿Cómo dice? - le preguntó el chico incrédulo.
- Que eres un hijo de la gran puta.

Una vez dentro del coche patrulla sintió los mismos nervios de impaciencia de siempre. 

Este chico había picado, había ya muchos que la conocían y no picaban. Sonrió con picardía al joven que la miraba por el espejo retrovisor. Luego cerró los ojos, feliz, y se dejó llevar.



Ella se había quedado dormida en los bancos de la comisaría. A Javier, como cada vez, se le partió el corazón al ver su cuerpecito huesudo con tan poca ropa y tanto carmín allí tendido. Igual de desprotegida y vulnerable que toda su vida. Como siempre, sintió deseos de quitarse el uniforme y taparla. Y dejarla dormir.

- Ahí la tienes, otra vez. -le avisó un compañero sin separar la vista del móvil.- Qué mayor está, ¿verdad?- dijo levantando la vista distraido, como el que comenta el frío que hace.

-Yo me encargo de su papeleo -le contestó él a secas, cosa que ya daban por hecho en la comisaría.

Se acercó y la miró roncar. Era bonita aún, a pesar del destrozo que le había hecho la vida. O ella a la vida. 

Pensó en que aquel saco de huesos que tomó tantas decisiones equivocadas era lo que más había querido jamás. Y tragó saliva, angustiado porque nadie que no fuera ella lo sabía. Ni siquiera nadie de su entorno sabía de la existencia de aquella persona en su vida. Ni siquiera su mujer.


Ella se había despertado y lo estaba mirando mientras se desperezaba aún bajo los efectos del alcohol, o de las drogas, o de su propia locura.


- Hola, Javi. Te echaba de menos -dijo, toda sonrisas, huesos y pellejo-. Tengo frío, ¿me traes café?

Javier la miró pensativo. Sonrió con tristeza y asintió. 


Anduvo hasta la máquina de café arrastrando los pies, echó dos monedas, despacio y apretó sin ganas el botón de “Café solo”. Observó ensimismado cómo caía un hilo fino de café y deseó, cansado, que el vaso no se llenase nunca.