Lo bueno de la privatización es que ya puedo deciros que Kirikiristán es Bangladés y Kulunguelé es Uganda. Os pongo un mapita.
(mapita)
Eso pequeñito es Bangladés, al sur de Bután y al este de la India. Fui en una compañía árabe hasta Qatar como pasajera. Cómo mola ir de pasajera en los aviones!! Te sirven la comidita, la bebidita, puedes dormir, ver pelis, ver el despegue y el aterrizaje por la ventana... aunque luego te hacen esperar colas y también esperar en una cinta para recoger tu equipaje. Ya.
Luego fuimos de Qatar a Bangladés, otro vuelo superlargo. Yo dormí todo el tiempo, incluso me dormí en la escala de Qatar mientras mis compis hacían cosas de mujeres como retocarse el maquillaje y hablar de marcas de cremitas. Como íbamos sin uniforme, yo iba sin maquillar y no tenía nada que retocarme ni ninguna marca de cremita que aportar, así que me dormí en los bancos del aeropuerto con las piernas sobre mi maleta para que no me la robaran.
Leí que Bangladés era el país de los tigres de bengala, así que mi madre me dijo que no cogiera por esa parte. Sabios consejos los de una madre.
Me sorprendió mucho el tráfico en Dhaka. Era muy heterogéneo. Bicis con asiento detrás, coches, tuc-tucs, motos, autobuses... todos juntos, adelantándose unos a otros. Claro, como todo el país es un atasco en sí, nunca vas a más de 15 por hora, así que cualquiera puede adelantar a cualquiera.

Y vale que conducir en este país no entrañe ningún riesgo porque los atascos hacen que nunca alcances una velocidad peligrosa, pero eso sí, los golpes están asegurados. De hecho, nosotros íbamos en una furgo que racaneamos al director del hotel, con conductor y todo, y nos dieron un golpe por detrás. Nuestro conductor se bajó con una sonrisa y el otro conductor hizo lo mismo, hablaron, se dieron una palmadita, miraron el bollo y se encogieron de hombros. Es lo más increíble de todo, en este país NADIE se enfada con NADIE. Sonríen todo el tiempo, es increíble, cuanto más pobres eran más sonreían. Tras el vistazo al bollo y la conversación animada en mitad del atasco, cada uno se fue de vuelta a su coche y aquí no ha pasado nada. Si total, nadie tiene seguro!

Los bangladesíes conducen con una mano en el volante y otra en el claxon, al principio es irritante, pero luego te acostumbras porque no son violentos ni pitan con rabia, sólo se avisan entre ellos de que van a pasar sí o sí y el que llegue antes llegó, y el que no, se lo toma con una sonrisa. No combustionan, no se enfadan, no discuten, nada.
Son calmados hasta este punto. Es supernormal encontrarte esto.
Fuimos a un centro comercial que era un horror, pero al menos no era de arcilla y lata. Mirad qué maniquíes.
Estos saris son muy de "gente pudiente", normalmente la gente de a pie va más bien así:
Estuve en la capital, Dhaka, y si allí están poco acotumbrados a ver occidentales no me quiero ni imaginar en ciudades más pequeñas y alejadas. Íbamos por la calle y nos rodeaban sin ningún tipo de pudor, nos miraban, nos sonreían, aprovechaban cualquier excusa para tocarnos, pero ante todo demostraban respeto. Sin embargo la sorpresa y la curiosidad, a veces, eran más fuertes que ellos y acababan haciéndote el corrillo e intentando chapurrear preguntas en inglés.
Por pura casualidad, acabamos en un recinto donde se estaba grabando un videoclip de Bollywood, protagonizado por una tía que allí era como aquí Bisbal (un horror, pero famosísima). Era un poco diva, y se ofendió muchísimo cuando los cámaras, seguratas y bailarines se vinieron corriendo a hacernos el típico corrillo bangladesí a nuestro alrededor y a pedirnos fotos. Os cuelgo el baile superhortera que hacían.
La de amarillo es la Chenoa, digamos.
Bailaban como el culo pero, oye, es Bollywoodiano y allí todo lo colorido y lo dorado en movimiento, enamora. Como podéis ver, la más rellenita es la más famosa, porque allí las rollizas se ven poquísimo y están muy cotizadas.
Me gustó que, al igual que en Marruecos o India, en la calle los hombres van de la mano. A veces sólo agarrados por los deditos, a veces la mano completa, incluso cogidos del brazo. Durante los vuelos a Uganda, donde llevamos a soldados bangladesíes para que de allí fueran en helicóptero hasta el Congo a misiones de paz (ya imaginaréis la paz que iban a poner en el Congo estos pobres), me harté de hacer preguntas sobre sus costumbres a los que más inglés sabían y sobre este tema no podían creer que en Europa no fuera así.
Por otro lado, los soldados que llevábamos nunca habían visto un avión, imaginad la que liaban para abrir las puertas de los baños y hasta para abrir las comidas. Las puertas de los baños son abatibles, es decir, empujas suavemente tal y como te indica el cartel de EMPUJAR/PUSH y se abre, plegándose sobre sí misma y quedando a un lado. Pues bien, encontrábamos las puertas sacadas de sus goznes! Menos mal que llevábamos mecánico a bordo, porque aterrizar con las puertas sin asegurar podría haber supuesto un montón de puertas voladoras por medio de la cabina. Yo terminé aprendiendo a encajarlas, pero pesaban mucho y me cabreaba.
- PUSH!!! EMPUJAR!! Arrancar NO!! -esto acompañado de gestos. Me miraban alucinados, sin saber muy bien por qué me enfadaba con ellos, pero la mayoría sólo hablaba bangladés y nunca lo supieron-.
Pero el cabreo me duraba dos segundos, el tiempo de acordarme de que iban directos al Congo y no por convicción y/o motivados por vocación o por principios, como la mayoría de soldados de países desarrollados, sino por necesidad, por dinero, para alimentar a sus familias. Podrían tener miedo a lo desconocido -seguro- pero era tan fácil hacerlos sentir bien con cualquier atención, que te quedabas blandita y triste.
Cada vez que desembarcábamos en Uganda a los 300 soldados de cada vuelo, me daba bajón. Es chungo saber que, de todos ellos, volverá sólo una parte. Misión de paz, se llamaba.
Al llegar a España, después de dos semanas viendo miserías sin parar, niños pidiendo comida por las calles, gente sin zapatos, con la ropa sucia y rota, niños trabajando por la calle, como este pequeño
A mí me ponen ese peso en la cabeza,
y lo último que hago es sonreír y ser amable.
Pero mira él.
Espero que en unos años no se lo lleven al Congo.
después de todo esto, llego a España, vengo a Barbicity, y mi madre se me queja porque está más gorda; mis amigas montan un debate sobre si seguir yendo al pub donde vamos siempre porque no tiene nunca papel en el baño; mi abuelo se cabrea porque su equipo ha perdido, y leo en el periódico que un barbiciteño ha matado a otro por un pique en la carretera.
La humanidad me da vergüenza. Yo misma, me doy vergüenza a veces.
Da todo un poco de asco, verdad?