Ayer, estuvimos en La Latina cerveceando con ella. Es muy graciosa, porque cuando viene a Madrid se agarra al bolso como una mona a un columpio, aunque esté sentada en un bar. Bueno, yo no soy quién para reírme de eso, si hiciera como ella, no me pasarían ciertas cosas.
El caso es que ella siempre consigue sorprenderme con algún pensamiento o acto que parece tonto, pero que en el fondo no lo es tanto. Por ejemplo, un día en el Mercadona (hago publicidad gratuita porque me encanta todo lo deliplus, hacendado, bosque verde y entrepinares... aunque Mercadona signifique "Compramujer", que me parece una orden con muy poco decoro), al meter mi abrigo en la taquilla antes de entrar a comprar, me encontré con 50 céntimos en la puertecita de la taquilla. Parece una gilipollez, pero yo me alegro mucho con esas cosas; te ahorras el tener que buscar la moneda en la cartera, y si no tienes, el tener que ir a pedirle cambio a la cajerachungaconcaradeamargada (hay al menos una por cada Mercadona y siempre es la pobre que está pegando a las taquillas, porque todo el mundo le pide monedas a ella). Cuando acabamos la compra y volvimos a por mi abrigo a la taquilla, yo, con cara de Gollum cogí la moneda para quedármela, pero Primadeperra me dijo muy solemne:
- Barbi, déjala ahí, y el siguiente se llevará una alegría.
Yo puse cara de "está loca? abandonar allí 50 céntimos?" (Sí, así funciono yo). Pero como me manipula el silebro con sólo mirarme, me convenció de que era una gran idea. Me sentí súper buena persona y casi me dieron ganas de quedarme allí para ver la cara de contentismo del que se encontrara con la moneda. Bueno, más bien me dieron ganas de quedarme para reñirle si se le ocurría quedársela.
Primadeperra es así con todo. Ella siempre me hace reflexionar sobre las cosas que me hacen enfadar y combustionar, que son muchas, y con sólo una frase me toca el chakra o loquesea, y me calmo. La tarde de ayer con ella fue terapéutica, como siempre. De hecho cuando me monté en el coche para volver a casa pensé "voy a canalizar mi ira en buenas acciones, voy a ser fantástica".
Pero llegó el momento de incorporarme a la M-30. Diré, y no orgullosa, que no hay nadie que le dé más al claxon en la M-30 que yo, ni nadie que insulte más en la M-30 que yo. Eso lo saben hasta los hebreos. (Aunque sólo insulto a quien se lo merece, que es básicamente todo el mundo... hasta que un día me partan la cara). Pero ayer no pensaba caer en mi autodestructiva rutina...
Ya en el carril de aceleración, con mi intermitente puesto para la izquierda, veo que el coche de atrás acelera y se pone casi a mi altura. Respiré hondo, "bueno no pasa nada, deja que pase, y tú vas detrás - me dije- ¿Que los demás carriles a su izquierda están libres y puede cambiarse para dejarte paso? Sí, pero no importa, eres un remanso de paz".
Cuando el coche ya iba a mi altura, no siguió acelerando, sino que se quedó a mi misma velocidad, bloqueándome por completo el paso. Respiré hondo. Respiré otra vez y miré al conductor y... oh! CRASO ERROR, no debí haber mirado... Un Fiat Punto con cuatro monjas!!!!!
"Lo que me quedaba, suputamadre!"...
A la mierda el remanso de paz y a la mierda la calma como forma de vida!!! Y encima las muy dignas, iban con la barbilla en alto, sin acelerar y sin reducir! Puteando porque sí. Y el carril de incorporación se me acababa, iba a tener que pegar un frenazo por culpa de CUATROMONJASCABRONAS!!!!! Anda coño, y van de buenas y caritativas!!
La pitada fue monumental, pero ellas ni me miraron, claro que no, ya sabían que yo estaba allí! Es más, siguieron bloqueándome deliberadamente. Y he de decir que no llevo pegatinas anticatólicas, ni antijesús, ni nada.
Las insulté mucho mientras daba el frenazo y me incorporaba tras ellas. Las insulté a ellas y a sus familiares más queridos, dije cosas muy feas, no quedó rastro de Zen en mí. Toda la terapia de Primadeperra se había ido al traste por cuatro hijas del señor. En mitad de la combustión, hice especial mención al hecho de que no fornicaran y achaqué a ello el mal proceder y su muy reprochable conducta en la carretera. Y lo hice a gritos.
Y la verdad, me quedé tan a gusto, que he decidido que me deja mucho más calmada pitar y gritar en la M-30, que toda la terapia del mundo.
Por supuesto, esta anécdota no se la puedo contar a Primadeperra, no estaría nada orgullosa.



